Columna: Es la comunicación política

A nadie escapa ni fueron indiferentes los hechos de público conocimiento vinculados a las medidas de consolidación fiscal anunciadas recientemente por el equipo económico.

A partir de los anuncios realizados se desprendieron un conjunto de manifestaciones en la opinión pública, tanto en contra como a favor de las resoluciones. 

 

El nivel de manifestación social en torno a este tema tiene varias lecturas. Una de ellas es que claramente en Uruguay un eje de discurso político, o lo que en ciencia política llamamos clivaje está dado en torno al rol del Estado en la economía. Ver a algunos sectores de la ciudadanía manifestándose sobre los impuestos es algo sano para la calidad de la democracia. Primero, porque se pueden manifestar libremente. Segundo, porque hablamos de que efectivamente en Uruguay sí se pagan impuestos y eso lo hace una sociedad seria. Tercero, nuestra sociedad es politizada, así lo ha sido desde la presencia del batllismo y lo seguirá siendo. Entonces, hay otro plano referido a la salud colectiva, de la capacidad de librar discusiones de ideas (así y cuando algunos planteos carecen de profundidad analítica) que se dio en estas semanas y que es positivo que así sea.

No es necesario entrar en el detalle de lo que ya se ha ocupado la prensa. Pero lo que sí ha surgido es alguna reflexión sobre los procesos de comunicación política de estos y otros asuntos.

En primer lugar, la comunicación política no es la política, pero la política es o se produce, en la comunicación política. Hay una decisión que debe ser política de jerarquizar y cuidar las formas de comunicación, pero no es precisamente la comunicación la que va a solucionar los problemas de la política. En palabras de mi amigo Hann (2003) la política es un proceso de respuestas a problemas públicas que se hace presente en la comunicación.

La comunicación política no es responsabilidad exclusiva de los actores políticos. Es un proceso en el que intervienen tres actores: medios, opinión pública y actores políticos (partidos, gobierno, legisladores, etc.) Lo que se da en los procesos de comunicación política es un espacio de confrontación de ideas entre estos tres actores, lo que, gracias a las redes sociales, se realiza con una participación cada vez más activa de la ciudadanía de a pie que no depende de un medio de comunicación masivo para que su voz tome estado público.

Entonces, los problemas de comunicación pueden venir tanto por periodistas que no logran informar completamente de algunos temas o por la ciudadanía que busca atajos conceptuales, que lejos de brindarle información certera, simplemente llenan su saciedad de información, asegurándose data que le permita lucirse en su próximo estado en Facebook o en twitter.

Sobre esta realidad, desde los actores políticos ¿Hay que sentarse a esperar? ¿Hay que quejarse de lo mal que informan los medios sobre determinado tema? ¿O hay que comprender que los medios de comunicación juegan un rol y que, proactivamente, los actores políticos deben jugar otro?

El autor de esta columna se queda con esta última opción.

En teoría, y en la práctica de la comunicación, existe un concepto que guía nuestro accionar: Framing. El framing o la capacidad de encuadramiento de algunos temas está asociado al poder de los medios para establecer la agenda de temas del debate público y para definir los marcos del mismo. Se trata de una especie de persuasión para definir a los actores políticos de una manera particular. En definitiva los esquemas cognitivos que difunden influyen en el clima de opinión y contribuyen a delinear la imagen que los públicos se hacen de los políticos (Crespo, 2012). Los medios tienen esa capacidad de encuadrar las discusiones políticas, pero los actores políticos, y todos quienes se desempeñan en la agenda pública, tienen la capacidad de construir el escenario donde se constituya el relato político.

Y ese relato se construye a partir de la generación de los acontecimientos noticiosos. La comunicación del envío de la rendición de cuentas al Parlamento con el Ministro Astori secundado por todo el Consejo de Ministros es una señal inequívoca de unidad. Eso es construir un acontecimiento noticioso, un relato donde hay protagonistas, donde hay símbolos y donde el encuadre está definido desde el vamos.

Los llamados problemas de comunicación surgen cuando el encuadre de algunos temas viene mal gestionado desde un comienzo. La comunicación política nos reserva un concepto para ello: la construcción del evento noticioso o la política del acontecimiento. Dicho en criollo asegurar las variables que moldean a la construcción de la noticia, siempre en respeto a la libertad de prensa, es una tarea ineludible para cualquier actor político serio.

¿En qué consiste la construcción del evento noticioso? En algo tan sencillo como facilitar la tarea de los periodistas cuando queremos que comuniquen determinado tema, crear reglas del juego claras para el acceso a la información y respetarlas, identificar voceros temáticos que se asocien a determinados temas, buscar los espacios adecuados para potenciar determinados temas en la agenda, comprender la velocidad e instantaneidad que se requiere en el mundo de las rede sociales, ser creativos en buscar ideas fuerza que trasladen a un lenguaje sencillo asuntos complejos, alcanzar la capacidad de pensar prospectivamente en los temas que entrarán en la agenda y tener la disciplina de seguir religiosamente los asuntos que se manejan en los medios de comunicación n masiva y redes sociales.

El trabajo sobre estos temas no hace ni más buena ni más mala a la acción política. No se trata de alejarse del ciudadano y el contacto cotidiano que todo actor político quiere tener. Se trata, por el contrario, de asumir responsable y profesionalmente la acción política en el año 2016, donde la capacidad de consumo de medios de comunicación masivos y uso activo de redes sociales, entablaron una nueva realidad transmediatizada de la que todo actor político debe hacerse cargo.

La política es construcción, el escenario está para ser configurado, algunos serán protagonistas, otros antagonistas y el relato depende del libretista. Este proceso se da con la sana incertidumbre de que la historia que le va a llegar al público la va a interpretar un intermediario. Es la comunicación política.

 

Matías Ponce

Profesor Investigador - Universidad Católica del Uruguay